martes, 19 de enero de 2010

II.- INMIGRACIÓN ILEGAL

ESTOS días hemos escuchado cómo en Vic (Barcelona) el Ayuntamiento; con el alcalde, Josep M. Vila d'Abadal i Serra (UDC), a la cabeza; a propuesta del líder de Plataforma per Catalunya (PxC), Josep Anglada i Rius; y con el apoyo de los concejales de CDC, ERC y PSC –o sea, casi todos–; ha decidido no empadronar a los inmigrantes ilegales.

Expresión que me repatea, por cierto, pues no concibo cómo alguien puede ser ilegal sólo por ir de un lado a otro. ¿Acaso los patos piden permiso para emigrar? En todo caso, podemos decir que son inmigrantes en situación irregular, pues demográficamente no existe control sobre ellos para cubrir sus necesidades básicas.

A todo esto existe un debate populista entre líderes que dicen las cosas tal cual son sin ser conscientes de la gravedad que tiene la desinformación. Es cierto que muchos de los inmigrantes reciben servicios básicos a costa del bolsillo del contribuyente, pero a ese dato hay que añadir que su trabajo en la economía sumergida –en la que son explotados sin problemas– beneficia especuladores que llamamos empresarios.

Quienes se acercan a nuestros pueblos son gentes que, por lo general, huyen del dolor que les provoca el hambre de sus países, arriesgándose a morir en los estrechos. ¿De verdad vamos a negar poder convivir con nosotros a esas personas que vienen con la esperanza de no seguir muriendo en la tierra que les vio nacer?

Ignasi Aragay describía muy bien la postura que ha de tener Catalunya con los inmigrantes en un artículo en el diario Avui el pasado sábado 16 de enero:

Además de líderes, también necesitamos inmigrantes. Siempre hemos ido cojos en demografía. Ya lo describió en 1935 Josep Antoni Vandellòs en Catalunya, pueblo decadente. Desde entonces hemos seguido pariendo poco y recibiendo mucho. Hace falta gestionar bien el asunto, especialmente ahora que nos hemos instalado en la crisis económica. Vic ha dado durante años un modelo ejemplar de integración, en especial en el terreno escolar. ¿De dónde ha salido, si no, Najat el Hachmi? Ni ahora Vic puede echar por tierra el trabajo hecho ni el resto del país nos podemos permitir de satanizarla. Hablemos. Estas cosas no se pueden tratar a la babalà (a lo loco), uno de los miles de arabismos que tiene la lengua catalana, que también se ha hecho con las aportaciones foráneas.


En conclusión, lex iniusta non est lex.

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